29 de noviembre de 2010

De toros y arte

En el post anterior comenté lo ilógico que resulta promover un acto únicamente porque se lo considera una tradición, sin tomar en cuenta aspectos como el maltrato físico o psicológico, tanto a personas como a animales (hablando de tradiciones en general). Ahora quiero comentar el otro gran argumento de los aficionados a la tauromaquia: el arte. Es mucho más difícil refutar la afirmación que identifica a la tauromaquia, en especial a las corridas de toros, con el arte, puesto que arte es aún más difícil de definir que cultura; no es suficiente el repetir la ya gastada fresesita de “la tortura no es arte ni cultura”, pues se estaría cayendo en una falacia.

El diccionario de la RAE tiene 9 acepciones básicas para la palabra “arte”; una de ellas nos dice que arte se puede definir como maña o astucia, como por ejemplo cuando se habla del arte de nuestros políticos para robar, o, en un caso más agradable, cuando hablamos del arte de un jugador de fútbol, es decir, de su maña para conducir el balón y su astucia para engañar al rival. Desde este primer punto de vista, estaría bien empleada la palabra “arte” para definir a una corrida de toros, pues sería algo así como la maña de un torero para torturar a un animal, o la astucia del mismo para hacer creer a los observadores que es un hombre valiente enfrentándose, en las mismas condiciones, un toro bravo.

Pero no es ésta la definición a la cual aluden los taurinos al hablar de su “arte”, pues ellos están convencidos, o tratan de convencer al resto, de que lo suyo es un verdadero arte, que puede ser comparado con la poesía, la pintura o la danza. Al comienzo dije que no basta con decir que una corrida de toros no es arte por incluir tortura; eso es así porque ninguna definición de arte, ninguna concepción de arte, incluye la idea de moralidad o excluye la de dolor; a aquellas fotografías que suelen ser galardonadas alrededor del mundo, con escenas de miseria humana, efectos de la guerra u otros episodios similares, se las define como arte; lo mismo ocurre con un cuadro que represente dichos sucesos. La primera argumentación contra el supuesto arte taurino parte de esto: el arte puede representar hechos reales, y por lo tanto también puede representar el dolor y la tortura; sin embargo, ningún arte crea dolor o tortura, simplemente los representa valiéndose de cantidad de métodos diferentes, sin llegar ninguno de ellos a ser una reconstrucción real de tal dolor. Se me viene a la mente en este momento la leyenda quiteña que relata como Miguel de Santiago, famoso pintor de la época colonial, ató a una cruz a un discípulo y lo atravesó con una lanza, para así captar en el lienzo el momento de la agonía de éste, en representación de la de Cristo; sería éste, de ser verdadero, uno de los pocos casos de creación de dolor real en nombre del arte, y es igual de censurable como cualquier otro crimen.

Pero ésta sigue siendo una razón de orden moral, no necesariamente válida en todos los casos. La razón que me llevó a convencerme de que una corrida de toros no es arte es otra, y la propongo a continuación. Si definimos al arte de forma implícita, partiendo de lo que comúnmente se ha considerado arte, entonces se puede asegurar que el arte es creación: la música, la poesía, la danza, el teatro, la pintura, la escultura, y demás son creación de una persona, a la que denominamos artista. Dicho artista pretende, en la mayoría de casos, crear algo sublime a partir de emociones y/o percepciones, sean éstas buenas o malas. Para esto, el artista toma elementos del medio, naturales o artificiales, y los amolda de acuerdo a su parecer, para que al final exista algo diferente a aquello con lo que se comenzó, de tal manera que pueda ser una representación de aquello que el artista quiera que represente.

Una obra de arte es capaz de transmitir, no necesariamente lo que el artista quería que transmita, pero sí algo que aquel que está en presencia de la obra de arte entiende y extrae de ella. ¿Por qué cuando miramos una llanta, una piedra que pateamos sin querer, escuchamos el incesante pito de un auto, no analizamos, no sentimos, no abstraemos? No me refiero al hecho de reflexionar racionalmente acerca de ellos, algo que sí solemos hacer, sino al hecho de que los mencionados objetos o sonidos no logran crear en nosotros lo que el arte sí logra, no transmiten las mismas emociones. El porqué de esa pregunta me lo dio una querida compañera de universidad, según la cual, estos objetos son simples cosas, mientras que una pintura, una melodía, son algo más (me parece que ella mencionó a Heidegger, pero no conozco mayor cosa sobre su filosofía, así que mejor no me meto por ese lado).

Entonces, una obra de arte es algo más que una simple cosa; el arte tiene la capacidad de transmitir, de entregar algo, de ofrecer de sí mismo. Podríamos decir que el arte es un ser, un ser que se origina de una cosa: un lienzo se transforma en una pintura, un sonido se mezcla con otros y se transforma en melodía, una roca se transforma en escultura, etc. En este punto, se podría definir al arte como la creación de un ser a partir de una cosa, la elevación de categoría de un simple objeto. Arte sería un objeto que, en manos del artista, adquiera cierto carácter, de forma que se pueda expresar por sí mismo.

Lo que ocurre en una corrida de toros es todo lo contrario: no se crea de un objeto un ser, se crea, a partir de un ser, un objeto. Se podría pensar que la corrida de toros es arte porque transmite emociones, pues el ver a un toro sufriendo puede producir efectos emocionales. Sin embargo, un toro vivo ya puede hacer eso. En mi pequeña lista de tres objetos que no son arte me cuidé de mencionar cosas que no provengan de la naturaleza, ya que generalmente la naturaleza es capaz de crear los mismos efectos que el arte (una piedra sí proviene de la naturaleza, por eso mencione una que fuese pateada por accidente, no una a la cual se presta especial atención); de hecho, el arte primitivo nació de la abstracción o representación de la naturaleza. Un animal puede deslumbrar tanto como una poesía; matarlo, convertirlo en un objeto sin vida, hacer que deje de expresar lo que antes expresaba, es un acto contrario al arte, por más que en el proceso se provoque éxtasis. Además, la gente que acude a una corrida de toros está más entretenida en la música de la banda, en gritar el ole, en beber vino, en mirar a las mujeres y hombres que se dan cita, en criticar al mejor o peor vestido, en chismear, o simplemente en hacerse notar, que el sufrimiento del toro, aquella parte de la corrida que eventualmente podría ser calificada como arte, pasa totalmente desapercibida. En cuanto a los pases del torero, se me antojan una especie de baile ritual, mas no un arte.

Una persona a la que hablé de esto me comentó que en la actualidad se puede llamar arte a todo, y como ejemplo puso a Duchamp, quien tomó un urinario, lo firmo, y lo envió para que fuese exhibido en una galería. Si la misma gente que entonces lo consideró arte vería al mismo urinario en un baño (y de seguro han visto muchos), ¿lo considerarían arte? ¡Pues claro que no! Lo que Duchamp hizo fue precisamente lo que se ha dicho: tomar un objeto común y, simplemente firmándolo y colocándolo en una exhibición, crear un ser; apuesto que nadie que hubiese visto el urinario habría podido quedarse impasible, sino que habría interpretado a su forma aquella extraña obra, habrían querido comprender lo que el artista había querido decir, es decir que ahora el urinario, que en un baño se limitaba a cumplir una función, tenía capacidad de expresión propia.

Para mí, más preciso que decir que en la actualidad todo es arte, es decir que en la actualidad la gente quiere verlo todo como arte. Ya lo dijo Formaggio: “arte es todo aquello que los hombres llaman arte”. Si no aceptamos todo lo escrito en el resto de esta entrada y simplemente damos por válido este último postulado,  llegamos al mismo punto, pues entonces las corridas de toros tampoco tendrían algo de especial, serían tan artísticas como mis zapatos, si yo los quiero ver como arte.



PD: Lo siento si me explayé demasiado en la entrada, pero es que era necesario explicar mi opinión de forma clara, y aun así puede resultar un poco confusa. No quise darle un tono de filosofía, pero fue inevitable; sin embargo, quiero dejar en claro que no me creo un filósofo, ni estudio filosofía ni nada parecido. Aprecio todas las críticas o comentarios sobre las fallas que encuentren en el artículo.


20 de noviembre de 2010

Las corridas de toros: ¿crónica roja de las clases sociales altas?


En estos días he estado leyendo en la web artículos y comentarios en contra de las corridas de toros, y me he encontrado con algunas cosas buenas; entre las más destacables están algunos videos que nunca había visto (no sé si son nuevos, o se me escaparon en otras ocasiones), algunos de los cuales me gustaría colgarlos por aquí en estos días si tengo tiempo. Después de pensar en todo esto, y de varios comentarios en foros o redes sociales, me entraron ganas de hacer mi propia crítica a este acto que he despreciado desde que tengo memoria, y en parte por esto se concretó la creación del blog.

Pensando en esa crítica a la tauromaquia, se me ha ocurrido que las corridas de toros son, en nuestro Quito por lo menos, una especie de crónica roja para clases acomodadas. Así como el pueblo compra aquel diario que todos conocemos por utilizar más tinta roja que negra, y ven el programa del “cholito” verdadero, todo por la distracción morbosa que hallan en el ambiente que observan alrededor de aquellos hechos, así mismo las clases altas quiteñas acuden a la arena de nuestro circo romano criollo, únicamente por el “ambiente” que allí se vive (la mayoría de asistentes lo ha dicho de sus propios labios, no lo digo yo), ambiente que se desarrolla en torno a un reguero de sangre sinsentido. ¿Es que acaso existe diferencia entre la gente de la edad media que acudía a ver la muerte de un condenado a la horca como el acto principal de una celebración, y la gente que acude a ver la muerte lenta de un animal como acto de prestigio social? ¿Es que aquella gente que critica al “pueblo” por adquirir basura como esos periódicos y ver esos programas de televisión, no se percata que hacen lo mismo al asistir a esta tortura?

Igualmente que dichos espacios periodísticos argumentan que solamente pretenden informar, los adeptos a las corridas de toros argumentan preservación de la cultura. Es difícil destruir esta última afirmación, pues el término “cultura” es algo ambiguo, con una definición vaga, al igual que es difícil decir que la crónica roja no es información; pero el problema va más allá de si es cultura o no, y entra en el ámbito de esclarecer si esta cultura (en el caso de aceptar que lo es) vale mantenerse, es decir, si la cultura en general, fuese del tipo que fuera, debe conservarse solamente por el hecho de ser cultura. La respuesta, a mi forma de ver, es no. No se puede mantener una cultura basada en crueldad, no se puede mantener rasgos culturales que atenten contra otros seres, que involucren tortura y dolor.

Dos comparaciones que me parecen pertinentes son, en primer lugar, la ya usada de la información: la crónica roja sí es información, pero no por eso es cien por ciento correcta, ética, y deseable, pues no se piensa en el respeto hacia la víctima, hacia los familiares de la víctima, y muchas otras cuestiones que no voy a analizar (no pretendo extenderme en ello, pues no es el objetivo del post), y en segundo lugar, la justicia indígena: mucha gente piensa que la acostumbrada forma de administrar justicia por propias manos de los indígenas es una barbaridad, propia de siglos pasados, y lo malo es que mucha de la gente que piensa esto es la misma que defiende a una corrida de toros. No importa aquí si es una costumbre propia o extranjera, si lo uno es nuestro y lo otro no, lo importante es que no existe sustento para afirmar que algo deba ser conservado únicamente por ser rasgo cultural.

Hay muchas más defensas a favor de la tauromaquia y las corridas de toros, ninguna de las cuales me convence de ser correcta, y creo que existe refutación para todas ellas (a menos que exista alguna que no haya escuchado), pero analizarlas extenderían el post demasiado, así que, por hoy, llego hasta aquí.

Vale agregar que todos los comentarios son bienvenidos y aceptados, excepto por aquellos que insulten o sean simple spam.

                                                                                                                                    
PD: Si alguien conoce algo sobre la historia de las corridas de toros en Ecuador, o por lo menos en América, desde sus inicios, que me lo diga o me cruce un link por favor. Todo lo que he encontrado es información sobre España y Europa, las referencias a Latinoamérica son tardías y no precisan detalles de su arribo y desarrollo en nuestra tierra.

18 de noviembre de 2010

¡Por fin!

Son las dos primeras palabras en que pienso al escribir esto. La verdad es que ya tenía en mente, desde hace mucho tiempo, crear un blog, pero entre mis estudios y otras cosas, me disculpaba en decir que no tenía tiempo. Bueno, pues ahora no me importa mucho: el objetivo de este blog no es postear diariamente algo para llegar a tener millones de fans, simplemente quiero tener un lugar donde expresarme, desde donde decir mi opinión de ciertas cosas que pasan en la vida del planeta. Por fin ahora me decidí a hacerlo, dejando de lado ese negativismo por el que una amiga muy querida tanto me critica; lo que pase después con el blog, con tiempo o sin él, ya se verá en su momento.

Bueno, aclarado el sentido del blog, pero ¿y el nombre? No sabía cómo llamar a mi blog. Para mí era complicado (los que me conocen convendrán en lo indeciso que soy), así que me planteé una docena de nombres antes de empezar. Pero el nombre no salió de esa docena, sino de algo no esperado, como esas cosas que pasan en la vida, que uno no las busca ni las planea, pero se dan. Surgió de una tarde de escuchar una de mis canciones favoritas; “Todo a pulmón” de Alejandro Lerner resumió lo que pensaba en ese momento, lo que he venido sintiendo en las últimas semanas: esa dificultad de seguir y mantenerse en un camino diferente al común, de buscar algo más que la simple satisfacción económica y social personal.

“Esta realidad tirana, que se ríe a carcajadas, porque espera que me canse de buscar…”; simplemente es así, así que la realidad diaria nos intenta agotar, nos intenta fusionar con el mundo y la gran masa, y no dejarnos transitar por algo distinto, pensando en lo que hacemos y sintiendo cada paso que damos; es lo que espero lograr con mi blog, convertirlo en herramienta y materia prima para construir mi camino, buscar por donde seguir; no sé si a Uds. les pase algo similar, pero me ocurre con frecuencia que pongo en orden mis ideas de una mejor forma cuando escribo. Es por esto que más me interesa escribir y saber que mi opinión está publicada por ahí, en un blog perdido por la www, aunque nadie la lea, a buscar tener miles de visitas diarias en mi página.

Desde ya, desde el comienzo, anuncio que me será muy difícil mantener un flujo constante de artículos entrando en el blog, pero es que tampoco me interesa, pues no quiero escribir sobre lo primero que se me ocurra, quiero escribir sobre lo que sienta la necesidad de escribir. E igualmente, desde ya, les agradezco a todos los que se pasen por aquí y lean algo de lo que humildemente escribo. Espero ser de alguna ayuda, y mucho más espero que disfruten del blog, tanto como yo disfruto al escribirlo.


PD: Se agradecen de todo corazón sus comentarios, la crítica es siempre bien recibida, y necesaria para mejorar (excepto aquella crítica insultante y destructiva).